Grandes oportunidades de trabajo los Empleos verdes: un cambio de paradigma que combina un oficio decente y el medio ambiente.

Un concepto que Naciones Unidas reconoce desde hace diez años, y tiene en el país un desarrollo incipiente “pero con potencial” y buenas perspectivas en la provincia de Córdoba. La capacitación en primer plano, líneas de crédito para financiar la reconversión y el rol de los consumidores. El desafío del cambio climático.

Así lo afirma el especialista en Empleo y Desarrollo Productivo de la Organización Internacional del Trabajo. Nos cuenta sobre el tema:

—Entre energía solar y energía nuclear, ¿cuál es un trabajo ambiental?

—Por sentido común, diría que la energía solar.

—Al contrario, porque cuando se produce la energía solar no hay emisión de CO2, es bastante ambiental, pero en la producción de paneles solares se usan materiales tóxicos. ¿Y qué se hace con los residuos?

El breve diálogo es apenas un fragmento de una extensa charla con Cristophe Ernst, especialista en Empleo y Desarrollo Productivo de la Organización Internacional del Trabajo.

—¿Qué son los empleos verdes?

—Empleo verde no es solamente lo que las personas piensan como un empleo relacionado a las actividades ambientales; por ejemplo, proteger al ecosistema, los residuos, las energías renovables. Está relacionado con eso pero, para nosotros, es importante que también sea trabajo decente. Entonces, se combinan objetivos ambientales con objetivos sociales, de manera que si una actividad no corresponde a un enfoque de trabajo decente no es un empleo verde. Éste es un buen concepto porque así se pueden combinar metas ambientales con metas sociales.

—¿Cuándo surgió ese concepto?

—No puedo decir el año exacto pero fue hace, mínimo, diez años y está reconocido por el sistema de Naciones Unidas; salió de la Organización Internacional del Trabajo que postula el concepto de trabajo decente y, de este lado, estamos mirando cómo combinarlo con empleos en actividades ambientales. Ya hubo discusiones sobre definiciones estadísticas de empleo verde, pero a nivel mundial no hay acuerdo, no hay una definición tan específica porque depende de país a país. Lo que es trabajo decente queda bastante claro; lo que es una actividad ambiental es algo, en mi opinión, no tan claro. Doy un ejemplo: entre energía solar y energía nuclear, ¿cuál es un trabajo ambiental?

—Por sentido común, diría que la energía solar.

—Al contrario: porque cuando se produce la energía no hay emisión de CO2, es bastante ambiental, pero en la producción de paneles solares se usan materiales que son muy tóxicos. ¿Y qué se hace con los residuos? En la Argentina, hicimos un estudio sobre empleos verdes con varios ministerios, sindicatos, empresarios, académicos y ONG, y decidimos que energía solar es una actividad ambiental, a pesar de una parte de la cadena de valor que es tóxica. Pero hay iniciativas y mucha tecnología para reducirla.

Por otro lado, tenemos el caso de la energía nuclear. El movimiento ecológico siempre estaba en contra de la energía nuclear, pero recién cuando sale la discusión sobre cómo reducir la emisión de CO2, hubo muchos que después dijeron que sería bueno tener más energía nuclear. Argentina eligió energía nuclear para el futuro. Un país como Alemania decidió salir completamente de la energía nuclear; el problema es que así no va a lograr sus metas prometidas en el ámbito nacional en el marco del acuerdo de París sobre emisión de CO2. Porque Alemania quiere mantener su crecimiento económico, y necesita una oferta energética al mismo nivel. Tiene carbón todavía -que emite CO2- pero invierte mucho en energías renovables: el 20% de su energía es renovable.

Entonces, yo no hubiera tomado energía nuclear como energía ambiental, porque crea residuos que son altamente tóxicos y ahí entra una dimensión temporal: son tóxicos por diez mil años. ¿Cuántas generaciones tienen esa acumulación de residuos?

Las definiciones tienen que ayudar en un análisis cuantitativo que después ayude a la política. Tenemos que entender eso, todo el mundo sabe qué es la energía nuclear, la parte positiva y la negativa. Un argentino lo sabe también, al igual que los paneles solares. Pero ayuda decir cuál es el impacto superior.

—¿Cómo está posicionado nuestro país en materia de empleos verdes? ¿Es un desarrollo incipiente?

—Es incipiente pero hay un potencial; hay muchas acciones en favor del medio ambiente. Por ejemplo, la ley de energía renovable, que es un sector que va a crecer sí o sí, con la voluntad política de las provincias, de la Nación y compromisos internacionales de Argentina a nivel mundial. En la Argentina, los motores eléctricos se van a imponer también y ése es para mí un cambio de paradigma, un cambio tecnológico, en la manera de producción y de consumo de la sociedad, de la conciencia de la sociedad que existe también en otros países y se traduce, por ejemplo, en no comer más alimentos que no sean orgánicos. Viví en Suiza y allí se puede distinguir para qué energía pagar: energía verde, azul o tradicional. Para la verde, se paga algo más, pero es muy poco y también se puede decir “como pago para energías verdes, voy a apoyar inversiones en energía verde también”. Es una decisión del consumidor. Hay muchas cosas que son decisiones del consumidor en favor de una cosa u otra. Una persona va a decidir si compra o no un motor eléctrico en el futuro, no es solamente una decisión de producción.

—¿Cómo se llega a ese cambio?

—Sería importante estar preparado para tomar las medidas. Nosotros como OIT nos dedicamos, sobre todo, al aspecto social y por eso hay un tema importante que es una transición justa hacia una economía verde. Estamos tratando de hacer esto en la Argentina con el compromiso del Ministerio de Trabajo, de Producción y Medio Ambiente. Pedimos un fondo internacional para trabajar en esta área. En esto, hay cambios positivos y negativos, porque no es que con la economía verde tenemos empleos verdes y todo está perfecto. Hay empleos nuevos, pero también otros sectores que tienen que ajustarse, que van a cambiar, y puede ser que algunos empleos desaparezcan.

Hay que prever eso. En el caso de bioenergías, es algo positivo porque, por ejemplo, en biomasa existen nuevos puestos de empleo. Pero no es automático que las personas van a tener estos puestos porque no están preparadas, tenemos que saber cuántos biodigestores necesitamos y cuántos tenemos. Además, estamos en el tema de las competencias laborales que hay que rever y revisar, incluir este tema en las currículas de las escuelas técnicas, en la formación profesional, para que sea un salto de productividad y las personas con mejor formación puedan hacer el mejor trabajo también. Eso, desde el lado positivo.

Pero puede haber sectores que desaparezcan. En una actividad como las minas informales familiares, que es un trabajo no digno, de baja calidad y crea mucho CO2 en el uso del carbón, hay que ayudar a las personas que van a perder el empleo. O hay esta sustitución de un trabajo con otro; si tomamos el caso de energías renovables, hablé con grandes empresas como YPF que todavía tienen petróleo, gas, Vaca Muerta, todo eso. Pero ya están preparando el futuro para energías renovables. Es importante que estas empresas preparen profesionalmente a su personal. El Estado tiene que promover, obligar e incentivar. Pero es un tema importante que los que tienen trabajo en la energía tradicional después puedan entrar en energía renovable.

—¿Es mayor el impacto positivo o el negativo? ¿O todavía no está tan claro?

—Lo vemos a nivel mundial como un impacto neto positivo. Pero, como dijimos, hay perdedores y ganadores.

—¿Qué países tienen más desarrollados los empleos verdes?

—Los países nórdicos de Europa, Suiza; también hay países que están muy implicados como Corea del Sur; China se vuelve líder en muchos aspectos de energías renovables como la solar, luego en la eólica, y después tiene energía tradicional como el carbón, donde hay muchos trabajos no dignos, no ambientales.

—¿Existen fuentes de financiamiento para reconvertir e incentivar estas actividades?

—Hay muchos fondos internacionales que están disponibles en la Argentina y también a nivel de las provincias que pueden postularse. Éste es un cambio de paradigma y hay beneficios, es un buen negocio porque creo que una economía más verde es una economía más saludable para las personas y tendría que ser una economía más productiva. Entonces, hay beneficios de este cambio para la economía y para la sociedad. Y hay, también, un costo que resulta en beneficio.

—Éste parece un proceso irreversible.

—Es inevitable. Y otro tema que está relacionado es el cambio climático. Una cosa es la tecnología verde pero también hay cambios que vimos en la Argentina como el aumento de 1,5ºC, en promedio, de la temperatura, con un verano muy largo y todavía hace demasiado calor para la época (la charla fue el miércoles 9). Ustedes lo ven acá con las inundaciones, y en otros lugares del país se vio con los incendios. Se nota que hay cambios y hay que preverlos y hacer cosas con los cambios, reducir la emisión de CO2. Se hace a nivel global, pero la Argentina puede contribuir también. Y hay trabajos para eso: ¿qué hacemos contra las inundaciones? Hay que tomar medidas, aumentar los diques, tener mejor sistema de canalización, de forestación. Hay muchos aspectos a considerar en este contexto. Entonces, cambiar a empleos verdes es una respuesta al cambio climático para prever.

Hay un gran potencial en la Argentina y lo vemos en muchos aspectos como energía solar, bioenergía, vientos, reciclaje. Pero la transición no es automática y por eso es importante un acompañamiento de políticas públicas para incentivar a las empresas a hacer este cambio tecnológico. Hay que cambiar el marco regulatorio y concientizar a la sociedad para este cambio.

 

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